domingo, 4 de septiembre de 2016

JUGAR A ROL Y LA TEORÍA DE SKINNER


Personaje basado en R.F Skinner
Quiero empezar el artículo por el Señor Skinner y no me refiero al personaje de los Simpson. El señor Burrhus Frederic Siknner fue un psicólogo estadounidense que realizó psicología experimental y defendió el conductismo y el uso de la modificación de la conducta para mejorar la sociedad e incrementar la felicidad. Leído del tirón parece que intento lavar el cerebro a cientos de miles de alumnos y personas... quizás por eso hubo ciertas controversias con el método, seguramente porque funciona si es aplicado correctamente. Pero no quiero entrar en detalles sobre las maravillas del conductismo y sus aplicaciones más controvertidas, en este artículo me centrare en el condicionamiento operante y su uso como técnica de aprendizaje con niños mediante el juego y como viene siendo habitual, lo haré escribiendo sobre mi experiencia con Magissa y las aventuras de mi hija y su maga Ariana.


El Señor Skinner aplicaba el condicionamiento operante como técnica para moldear la conducta y modificarla. ¡Atención! No busco convertir a mi hija en un animal de circo y vosotros tampoco deberías hacerlo con vuestros hijos. Aunque dicha técnica es muy útil para reforzar y reducir comportamientos que deseamos mantener o eliminar. Mi objetivo es potenciar la lectoescritura (período entre los 4 y 6 años de edad en que los niños acceden a leer y escribir) en mi hija mediante el juego de rol y el uso del condicionamiento operante. Como ya he dicho, no busco moldear el carácter de mi hija con ello y el objetivo es mejorar su escritura y lectura mediante el juego.

Todos los adultos entendemos que cada acción genera una consecuencia y según la psicología conductista, éstas se de dividen en refuerzos y castigos que siempre están presentes. 

Básicamente los refuerzos se usan para reforzar conductas y los castigos para eliminarlas. Tanto uno como el otro pueden ser positivos o negativos.

Para aumentar conducta
 Refuerzo positivo
 Damos algo bueno
Para aumentar conducta
 Refuerzo negativo
 Quitamos algo malo
Para disminuir conducta
 Castigo positivo
 Damos algo malo
Para disminuir conducta
 Castigo negativo
 Quitamos algo bueno

En términos de actividad educativa y en el juego:
Debemos ser conscientes de que la actividad será de larga duración y que también es muy importante no minimizar el efecto del refuerzo o el castigo por abusar de ellos, por ese motivo es vital la dosificación, sin olvidar que somos los padres y realizar muchos castigos negativos al final puede ser contraproducente. De pequeño no me gustaba nada que mis padres me castigaran, supongo que a ningún niño le gusta ser castigado por sus padres. El motivo era sencillo, sólo buscaba su aprobación y saber que les defraudaba no me aporto nada bueno, al contrario, sólo empeoraba mi autoestima y la autoconfianza. 
Para no complicarnos la vida, lo mejor es que en el juego funcionemos con el refuerzo positivo que es más comprensible, y aparquemos el refuerzo negativo, el castigo positivo y el negativo, para cuando tengamos más experiencia. Sólo en casos extremos deberíamos aplicar el castigo positivo o el negativo (el que usamos la mayoría de veces los padres). Recordad que estamos jugando, tampoco buscamos que odien jugar con nosotros si abusamos del castigo negativo ¿qué niño quiere jugar con un padre que lo riñe? 


  • Refuerzo positivo =  Dar algo bueno. Al ejecutar bien un ejercicio, mostrar una buena conducta o acción remarcable. Recordad que ellos se interpretan a sí mismos, aunque tengan otros nombres, sus personajes son una extensión de su personalidad. 
    • Como ya sabéis, un refuerzo positivo es un "premio" que otorgaremos a nuestro hijo como consecuencia de la ejecución de una acción que deseamos reforzar. Ejemplo: Anna termina una actividad en poco tiempo y de forma satisfactoria, por lo tanto recibe el premio.
    • Advertencia: Si abusamos del refuerzo con premios constantes, corremos el peligro real de que este pierda su efectividad. Recordad la gestión de premios, estos deben ir disminuyendo con el tiempo hasta que desaparezcan y la conducta o actividad quede fija. Ejemplo: Las primeras veces que realice correctamente un ejercicio la premiaré con un beso, un abrazo, etc... pero lentamente iré recudiendo el premio una vez realice de forma automática la actividad escolar. 
    • Tipos de premio: Hay muchos y no deseo extenderme en ellos, pero si que rompo una lanza a favor de los premios afectivos. Somos sus padres y madres, no menosprecies el valor de un beso, un abrazo, un "chocar esos cinco" o incluso una sonrisa. Nuestros hijos buscan nuestra aprobación y que nos sintamos orgulloso de ellos, entonces que mejor premio que mostrar nuestras emociones y satisfacción al ver como se superan a sí mismos. También es muy importante el premio natural, el refuerzo positivo que genera nuestro hijo/a al finalizar la tarea por sí sólo/a. Este refuerzo es importante por ser propio y genera mucha satisfacción a los niños. Saber que ellos pueden hacer cosas sin ayuda y de forma correcta, también les da confianza, seguridad, etc.
  • Refuerzo negativo: Quitamos algo malo a quién ejecuta la conducta que estamos reforzando. Aunque parece sencillo, no lo es tanto. El objetivo es quitar algo desagradable para nuestro hijo con el objetivo de reforzar su tarea educativa. Y aquí nos surge el primer problema, las cosas que no suelen gustarles a nuestros hijos, en muchos casos son aquellas importantes en nuestro día a día como por ejemplo: ducharse, lavarse los dientes, mantener el orden en su habitación... etc. ¿Qué debemos decirles? - Si terminas la tarea te libero de hacer la cama, lavarte los dientes, recoger tu cuarto, puedes comer menos guisantes... En el refuerzo negativo hay un problema de base y para mi, quitarle algo que él considere negativo como premio por terminar la actividad propuesta me chirría mucho. Puede que sea aplicable en comportamientos inapropiados, pero no le veo yo la validez cuando lo que hacemos es realizar actividades escolares gamificadas. En mi caso, prefiero evitar el uso de este tipo de refuerzo. 
  • Castigo positivo: Para eliminar una conducta o ejecución negativa de una actividad, le damos algo malo. Básicamente es dar algo que no le gusta si no termina la tarea o deja de comportarse de forma inapropiada. En la actividad del juego, podría suceder que nuestro hijo/a se dedica a dibujar el cuaderno de tareas y aplicamos lo siguiente para que no lo haga más. Ejemplo: Si no cumple con la tarea, cenará algo que no le gusta nada. También se pueden aumentar las tareas, que se quede viendo las noticias... todas esas cosas que los niños evitan. Luego también existe la propia auto-regulación por parte del niño: Cuando a nuestros hijos/as les ocurre algo malo por ser traviesos, no suelen repetir dicho acto muchas veces más y por lo tanto se reduce. En el juego esto puede surgir cuando su personaje padece algún tipo de daño de forma repetida por las trampas escondidas en un dungeon. A causa de esta experiencia, su personaje (y él mismo) responderán con la frase "busco trampas" cada vez que se encuentren en una mazmorra. En la vida real, nuestro hijo simplemente evitará subirse por ejemplo al inodoro porque recordará que una vez ya resbalo y se hizo daño. 
Nota: Según la psicología, a través del castigo positivo, el sujeto tiene más probabilidades de repetir una conducta adecuada si ésta (la conducta) le lleva a tener consecuencias beneficiosas para él, y del mismo modo, si una conducta es negativa en el pequeño, será el mismo quién consiga unas consecuencias negativas (que aprenderá a evitar con el tiempo), pero siempre teniendo una elección para hacerlo bien.
  • Castigo negativo: El clásico de toda la vida, le quitamos algo bueno si no termina con esa conducta o actividad. Palabra de padre: Si no terminas los deberes no hay dibujos animados. Te quedas sin helado. Como suspendas otro examen este verano no tendrás vacaciones, ¡este fin de semana no sales! ¡Sin paga! ¿Te crees que soy el banco de España?... bla bla bla.  Es el más usado y el que menos conductas positivas mantiene, aunque es el más rápido en afectar al niño. Si vuestro hijo/a durante el juego se distrae, no termina la actividad por el motivo que sea... dejad de jugar, ya es castigo suficiente. Le quitamos la diversión del juego por no mantener la concentración, no terminar la actividad, hacer burlas, etc.. Pero si todo sale bien, que seguro será así, nunca o casi nunca aplicaremos este tipo de refuerzos/castigos.
Objetivo: Motivar a nuestro hijo en la ejecución de las actividades introducidas en el juego. De forma complementaria también fomentamos la aparición de conductas positivas y controlamos la aparición de las disruptivas (negativas).
Edad: Variable, con el tiempo deberemos adaptar los refuerzos a la edad de nuestros hijos. Seguramente cuando lleguen a la adolescencia un abrazo nuestro no les parecerá un premio, aunque tampoco hay que prometer un coche cada vez que terminen sus tareas escolares.
Puntos a favor: El refuerzo positivo es muy simple y motivador. Nuestros hijos los entenderán enseguida.  
Limitaciones: Primordial nuestra selección del reforzador adecuado en cada situación, ya que una mala selección puede generar frustración si no puedan acceder al premio. Otra limitación es que las conductas se olviden si no se aplican las técnicas el tiempo suficiente.

No me cansaré de repetir que jugamos a un juego de rol con nuestros peques para que aprendan y se diviertan, así que dejad fluir el juego, premiad a vuestro peque con un abrazo, beso, aplauso... cuando termine la actividad o realice una acción positiva dentro del juego.

Si la cosa no arranca, se distrae y aburre. Parad de jugar, ya jugaréis en otro momento en que se encuentre con más ánimo, creo que es suficiente que vea como consecuencia a la falta de atención e interés, dejéis de jugar con él para hacer otra cosa. 

Esto me ocurrió en la última sesión con mi hija Anna. Estaba distraída con la tarea, durante el juego si se involucro, pero cuando surgió la primera actividad...  El caso es que se encontraba en el interior de "La mina de Gönhurd" investigando el robo de las palabras, encontró el libro donde las guardaba el elfo malvado. Para liberarlas debía reescribir de nuevo todas las letras que le dí en unas actividades... no dio pie con bola y el libro de enfadó... no encontré la forma de reconducir la actividad y antes de ir a peor, simplemente terminé con el juego, diciéndole que no estaba por la labor y que otro día volveríamos a jugar.

Eso sí, antes de llegar a la tarea de lectroescritura (por error añadí una "e" y parece que torture a mi hija) tuvo tiempo de curiosear en una casa llena de barriles y decidió jugar con ellos, con el resultado de que uno le cayó encima y se llevó un buen golpe (quizás la próxima vez tendrá más cuidado) y se transformo en un pájaro para entrar volando por le hueco del montacargas de la mina hasta que encontró el "Libro de las palabras robadas". Espero que la próxima sesión de juego pueda liberar las palabras y terminar el ejercicio.


Por otra parte, debo revisar el cuaderno, ya que el tipo de letra tampoco era el más adecuado, así que estoy dispuesto a buscar una "fuente" para poder realizar yo mismo las fichas de actividades, minimizando los efectos negativos que un cuaderno deficiente puede ocasionar en nuestras sesiones de juego. 

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Seguimos trabajando y aprendiendo mientras jugamos. Es un placer poder compartir momentos con nuestros hijos y ver como disfrutan jugando y aprendiendo.