viernes, 10 de octubre de 2014

PRIMER EPISODIO "UNA NOCHE EN PARÍS"

Primer episodio de "Una Noche en París"

Está es la primera vez que escribo algo tan largo y no es fácil. Como ya dije, no soy escritor y tampoco tengo intención. Hay decenas de personas infinitamente más cualificadas que yo en este campo. 
No se donde me llevará esta aventura, escribo más por afición y por el reto de saber si puedo hacerlo. Soy consciente de mis limitaciones, la falta de cohesión del texto, así como la presencia de errores ortográficos, etc. 
Los textos los cuelgo sin corregir, soy sincero en esto, no tengo tiempo para corregir la gramática, la forma, etc. Y tampoco espero ver publicado lo que escribo, dios proteja a los ojos de aquellos que tienen el valor de leer el texto, independientemente de si les gusta o no, tengo la desgracia de no ver mis errores y por lo tanto no puedo corregirlos. 

Dicho esto, pido disculpas por cualquier daño mental o perdida de cordura que pueda causar.

Gracias por vuestro tiempo y comprensión. 



PRIMER EPISODIO

El camión se movía a gran velocidad por una carretera de tierra olvidada de la mano de dios, rodeados de la más absoluta nada, se dirigían a una instalación de investigación de la Confederación Soviética.

La información facilitada por el Cliente, indicaba que la instalación se encontraba escondida a pocos kilómetros de Kazajstán, en la Provincia de Orenburg, cerca de la localidad llamada Kumansay.

 

El contrato se realizó de la forma habitual, un intermediario les localizó, presentó la oferta con una cantidad inmoral de ceros y aceptaron. En la profesión de mercenario, uno nunca pregunta quién paga, sólo cuanto paga y este trabajo les podría jubilar a los tres, aunque no trabajaban sólo por el dinero. Realmente no sabían hacer nada más, eran expertos en operaciones especiales, matar, destruir y substraer cosas de lugares inaccesibles para gente menos preparada. Pero los tres juntos eran los mejores en su trabajo y tenían las llaves de cualquier sitio, incluso las del mismo infierno.

Los tres formaron parte de un equipo de operaciones especiales de la Federación Rusa, pero cuando una misión termino mal y sólo sobrevivieron ellos tres, decidieron que era el momento de trabajar para el sector privado y aprovecharon su condición de MIA (Missing in Action TA: Desaparecido en Combate) para desertar y adoptar nuevas identidades.

- ¡Yuri! Despierta de una vez, casi hemos llegado.

Quién le gritaba a pleno pulmón era Boris, el experto en explosivos. Esta era una costumbre que nunca perdía, gritarle a la oreja para despertarlo. Aunque en esta ocasión el grito estaba plenamente justificado, el tiempo era muy malo, la nieve cubría hasta donde alcanzaba la vista, exceptuando la carretera por la que habían llegado.

Cuando salto del coche un fuerte viento empezó a soplar, removiendo el manto blanco que los rodeaba y creando una impenetrable cortina de copos blancos revoloteando por todas partes.

Esto nos dificultará el trabajo pensó Yuri, mientras comprobaba su equipo y la acreditación que lo identificaba como un científico especializado en virología. Miro por última vez la tarjeta, en ella se podía leer el  nombre de Alexey Dimitrov y estaba acompañada de un bonito marcador de Nivel 10 que indicaba acceso a las zonas de máxima seguridad.

Se sacudió la nieve que ya se acumulaba en su ropa y ando los escasos diez metros que habían desde el camión hasta la entrada del edificio. La tormenta de nieve dificultaba mucho la visión, hasta tal punto que apenas podían ver hasta una decena de pasos. No es que le importara mucho, antes de iniciar la misión memorizo las fotos vía satélite que habían obtenido del cliente y sinceramente sabía que no se perdía mucho. La base estaba oculta bajo tierra, a una profundidad de 20 metros y en el exterior sólo existía un único edificio de hormigón, insuficiente para delatar que debajo del suelo existía una instalación secreta.

Cuando su equipo cruzó la puerta de acceso ya los estaban esperando un equipo de la seguridad corporativa de Oskborn Korpras’on, una poderosa agrupación de empresas al servicio del Kremlin y especializada en armamento. Sus lazos políticos y económicos con el gobierno soviético eran sobradamente conocidos, pero no todo el mundo sabía que la corporación Oskborn trabajaba con armas de destrucción masiva que violaban todos los acuerdos armamentísticos firmados en la Convención de Ginebra del año 1972. De todas formas, el gobierno soviet nunca fue dado a cumplir con los tratados internacionales y menos aún su líder actual. Pero este no era el momento de divagaciones políticas o juzgar al líder supremo sobre los motivos que tenía para desobedecer a la comunidad internacional.

Había llegado el momento de saber si las identificaciones y sus identidades falsas pasaban el corte de seguridad.

Sus dos compañeros lo miraban fijamente, esperando una orden suya en caso de que no pudieran superar el control de acceso, pero no hizo falta. Las tarjetas funcionaron perfectamente y los científicos: Alexey Dimitrov, Nikolay Pavlov y Dimitry Levedév cruzaron los aros de detector de metales y superaron el chequeo de los guardias. Ninguno de los guardias quiso abrir las maletas con el símbolo de contenido vírico que transportaban y el equipo de rayos-x tampoco desveló nada.

Si hubieran sido más metódicos seguramente habrían descubierto en cada uno de los maletines los compartimientos falsos en los que se escondían los explosivos y las armas. La Diosa Fortuna les brindó con su gracia y dentro de poco los infortunados científicos descubrirían que ese no era su día. Era el momento de iniciar la fase dos. El falso científico, que respondía al nombre de Nikolay, empezó su actuación dirigiéndose a uno de los guardias.

- ¿Perdón? ¿Dónde puedo encontrar un baño? El viaje hasta aquí es muy incomodo y no me encuentro bien, seria una lástima marearme mientras manipulo materias peligrosas.
- Por supuesto, Señor Pavlov. Si es tan amable de seguir a uno de los guardias, este le indicará donde se encuentran los servicios. Mientras tanto seria un honor para mi equipo y para mi poder hablar los camaradas Alexey Dimitrov y Dimitry Levedév sobre los avances que hemos realizado con el virus XP-474. Si son tan amables de seguirme, les mostraré las instalaciones. Pero que maleducado, con todo el ajetreo y el trabajo olvide presentarme. Les pido disculpas por mi falta de cortesía. Soy el jefe de investigación Yuri Chekov y también directos de región de la Kosborn Korporas’on. - Acompañaba estas palabras con un gesto de su mano que indicaba amablemente que le siguiéramos.
Delante, una puerta con un cartel en ruso que indicaba:
<<Personal autorizado: Requerimiento de Seguridad Nivel 2>>.
Todavía quedaba mucho para alcanzar el Nivel 10 de la instalación, pero eso le permitiría analizar las amenazas de seguridad. Cuando hicieran su verdadero trabajo todas las alarmas saltarían y siempre hay que estar preparado para afrontar cualquier contingencia. Como todo buen operativo, era un experto en el código de símbolos militar que permitía comunicarse con otro compañero sin usar la comunicación verbal, unos cuantos gestos fueron suficientes para indicar a su compañero que analizara las medidas de seguridad mientras él vigilaba a su guía particular.
Disimuladamente, empezó su valoración del individuo, ya que sin duda seria uno de los primeros en oponer resistencia al ser el más próximo a la situación una vez esta se produjera. Era un hombre entre cincuenta y sesenta años con el pelo blanco, el cual le rodeaba la cabeza como si fuera una corona, aunque estaba totalmente desprovisto de este en su centro. También lucía un imponente bigote con la misma ausencia de color que el pelo de su cabeza y para terminar de redondear su aspecto, en su rostro iban saltando rítmicamente unas gafas de pasta negra con un cristal tan grueso que parecían la base de un baso. En pocas palabras no era una amenaza para ellos, en cualquier caso seria malgastar una bala, seguramente podría eliminar su oposición con un puñetazo y asunto resuelto.
Finalmente llegan al final del pasillo, por las reacciones de los otros científicos cuando pasaba por su lado, estaba claro que era el investigador en jefe de la instalación. Su aspecto era algo desaliñado, su bata había perdido hace mucho tiempo el blanco característico de alguien que vive en un laboratorio y las numerosas manchas de tinta, comida y café le daban un aspecto casi cómico, además reunía todos los síntomas visibles de una mala nutrición y falta de sueño, seguramente motivadas por largas horas de trabajo. Durante el trayecto a los laboratorios, les exponía sus teorías sobre cosas que para ellos eran incomprensibles.
- Les ruego me disculpen, seguramente están igual de agotados que su compañero y con mi cháchara no soy de gran ayuda.

Los pasillos se sucedían uno tras otro, de vez en cuando alguna planta o un cuadro rompían el aspecto espartano de toda la instalación. Estaba claro que en ese lugar solo se podía trabajar y trabajar, cualquier otra actividad era una distracción del objetivo principal.
Finalmente alcanzaron la zona de ascensores que permitían descender los 9 niveles que formaban la instalación. Su destino se encontraba en el último de ellos, detrás de una puerta de máxima seguridad y custodiado por dos guardias de seguridad.

Mientras tanto, en otro lugar.
- Por supuesto, Señor Pavlov. Si es tan amable de seguir a uno de los guardias, este le indicará donde se encuentran los servicios.
No tuvo reparos en seguir al joven que se levantó de una mesa cercana y lo miró con cierta desgana, seguramente estaba haciendo alguna cosa que para él era importante y le molestaba la interrupción. Dentro de poco no debería preocuparse mucho por el trabajo.
Miro al jefe de equipo y le confirmo que estaba preparado, un simple gesto fue suficiente y contemplo como se dirigían hacia la puerta de seguridad que daba acceso al Nivel 2.
- Señor Nikolay, sígame, le mostrare donde se encuentran los servicios. No quedan muy lejos. – Acompañaba sus palabras con un gesto amable que claramente le indicaba que lo siguiera.
Le gustaba el nombre de Nikolay, tenía esa fuerza y sonoridad que sólo el ruso otorga a los nombres. Si de pequeño hubiera podido elegir un nombre seria el de Nikolay, por eso cuando se repartieron los nombres lo eligió. No era bueno ocultando la verdad, su especialidad era muy distinta, pero se sentía cómodo con ese nombre. Esa sensación siempre facilitaba el trabajo, además de prevenir errores de principiantes al ser preguntado por el nombre y responder con el verdadero.
El servicio no estaba muy lejos de la zona de oficinas y cumplía la norma no escrita de que todo baño se encontraba al fondo a la derecha de cualquier estancia.
Al llegar se generó ese típico momento incomodo, en que el anfitrión abre la puerta y pregunta:
- Si necesita ayuda estaré esperando aquí fuera. Muchos de nosotros también somos licenciados en medicina y seguramente no será ningún problema tratar sus náuseas.
- No te preocupes, sólo necesito ir al baño y en unos minutos estaré bien, gracias por su ofrecimiento.
El sonido de la puerta al cerrarse fue un alivió, un poco de intimidad era lo que necesitaba para montar su equipo, pero primero debía comprobar que no hubieran cámaras de seguridad en el baño.
La información de inteligencia aseguraba que los baños tenían una seguridad mínima, pero no podía fiarse. Demasiadas operaciones fracasaban porque los informes de la división de inteligencia militar eran en pocas palabras, una mierda, y en esta ocasión la fuente era privada y para él era suficiente para desconfiar y realizar un chequeo del lugar.
Tardo unos segundos en limpiar el aseo, no podía soportar a la gente que dejaba el fregadero y sus inmediaciones llenas de agua, luego fue una tarea fácil que podía hacer con los ojos cerrados.
- Vamos a ver si la información era correcta. – el aparato emitió un pequeño zumbido, era como un pequeño transistor de color negro, con una pequeña antena acoplada, un botón de on/off y una luz que parpadeaba con intensidad variable. El aparato tenía como objetivo detectar micros ocultos y cualquier aparato que emitiera cualquier tipo de onda. – Bingo! Así que en los baños no había vigilancia. Malditos bastardos corporativos, desconfiados hijos de…
Desde el exterior del pasillo se alzó la voz de su guía.
- Señor Pavlov ¿Se encuentra bien? Puedo ir a buscarle alguna pastilla para el mareo si lo desea.
El operativo resoplo levemente y controlo sus nervios, estaba tentado de pedirle que entrara y poder eliminarlo rápidamente, pero debía ejecutar el plan correctamente o la vida de sus compañeros correrían peligro, así como la suya.
- Estoy bien, no se preocupe, solo tengo algo de indisposición. Parece que no debería haber desayunado – con un movimiento muy rápido cambio la cámara de seguridad por una pequeña pantalla que emitía una imagen en bucle y lanzó el aparato al baño, mientras emitía unos gruñidos. – Ahora si me disculpa estoy en mitad de mis necesidades. ¡Le ruego que me deje en paz! – Esperaba que con ese toque de atención el chico entendiera que no deseaba ser molestado y confiaba en su tapadera para que su posición de científico reconocido le otorgara la autoridad suficiente para enviar al joven al mismísimo infierno.
- Le pido disculpas Señor Pavlov. Volveré en unos minutos. – El joven se alejo renegando en voz baja por el tono de voz en que fue despedido, por el supuesto Señor Pavlov. Si supiera, que el verdadero Pavlov estaba descansando dos metros bajo tierra y con una buena capa de cal, seguramente no pensaría lo mismo de la situación en que se encontraba.
Finalmente, ya con la estancia segura y sin vigilancia exterior, pudo encender su portátil de última generación y conectarlo a la red telefónica del edificio para controlar todo el sistema. Era una suerte que toda la instalación tuviera tantas conexiones telefónicas, estaba claro que esta gente trabajaba incluso en el baño.
Ejecuto la orden y activo el virus que reiniciaría toda la instalación, desactivando todos los protocolos de seguridad. En menos de treinta minutos empezaría el baile.

Más de veinte minutos para llegar al destino y la interminable cháchara del jefe de investigación habían terminado con la paciencia de los dos intrusos. Pero allí estaban, delante de la última puerta que daba acceso a las muestras víricas de Nivel 10.
Sus perfiles falsos les convertían en reputados científicos y expertos en virología y otras disciplines que apenas podían pronunciar, pero el verdadero motivo de interpretar esos papeles era que esas tres personas tenían acceso a la estancia donde se encontraba el virus que deseaba su patrocinador y había llegado el momento de cogerlo.
- Y esto, señores míos, es la cámara de máxima seguridad. La llamamos “Pandora” – una sonrisa asoma en su rostro, como si hubiera dicho algo realmente gracioso. Pero cambia rápidamente a un rostro de preocupación. – Ustedes no son científicos. ¿Quiénes son? ¿Qué diablos quieren de…? – sus ojos se abren al máximo y la preocupación se transforma en miedo en un instante. – ¡Por todo lo que es sagrado en este mundo! No pueden entrar en esa cámara, no lo permitiré. Las muestras que están almacenadas en ese lugar podrían acabar con toda vida humana en la tierra. Son destructoras de mundos, no son resfriados simples... No dejaré que lo hagan.
Los guardias de seguridad privada eran rápidos, pero no lo suficiente para dos expertos comandos, no tuvieron ninguna oportunidad. El primero cayó al recibir un impacto directo en la pierna de apoyo que le rompió la tibia y el puñetazo directo al rostro lo dejo inconciente. El segundo rehuyó el ataque y fue corriendo a la alarma de incendios, pero fue abatido por una serie de disparos en la espalda.
- No dudo de que hará todo lo que este en su mano para evitarlo, Señor Chekov, pero ya es demasiado tarde. – El falso Alexey Dimitrov desenroscaba el silenciador humeante de una pistola.
Yuri Chekov, no dejaba de preguntarse como demonios habían conseguido burlar todos los puestos de seguridad, incluso desangrándose en el suelo, les suplicaba que no lo hicieran. En su último aliento de vida, pudo ver como todos los sistemas se desconectaban y la luz se fue en toda la instalación. En pocos segundos se reinició el sistema y todas las puertas se desbloquearon, abriéndose como medida de seguridad por si alguien había quedado encerrado, incluso la puerta que daba acceso a “Pandora”. Su última visión, fue ver como entraban en la cámara, se ponían los Trajes NBQ (Nota autor: Acrónimo para Nuclear, Biológico y Químico) y robaban el peor de los virus que había creado el hombre, el XP-474. Después de eso la oscuridad finalmente lo inundo todo.